17 de junio de 2013

El compromiso de una PEÑA FLAMENCA.

Llevo desde principios de año viajando por motivos flamencos, y de placer, dicho sea de paso. Comencé el año en Murcia y su Cumbre Flamenca, subí a Barcelona para ver a Marina Heredia; giré a Sevilla para asistir al homenaje a Carmelilla Montoya y a la bailaora Ángeles Gabaldón, seguí por Portugal y terminé en Fez, Marruecos, en el Festival de Músicas Sacras del Mundo disfrutando de Carmen Linares, La Macanita, José Valencia, Andrés Marín y el maestro Paco de Lucía. Ahora preparo el viaje a Madrid, donde Miguel Poveda conmemora sus 25 años de profesión en la música con el reto de llenar la plaza de toros de Las Ventas de aficionados.

Bien, resumiendo, estos han sido mis viajes flamencos que no creo que terminen aquí cuando va asomando ya el Festival Internacional del Cante de las Minas. Lo que quiero decir con esto, es que en cada ciudad me he encontrado con un flamenco distinto en formato, guión, programación, cuadro, organización, ect... y en más de una ocasión me he preguntado por uno de los pilares de divulgación: LAS PEÑAS FLAMENCAS.

Me gustaría saber ¿Dónde están las peñas flamencas? ¿Cuál es su programación mensual? ¿Reciben subvención pública? ¿Como se financian? ¿A través de que medio difunden sus propósitos y actuaciones? ¿Utilizan redes sociales? ¿Cuántas Peñas Flamencas hay en España? ¿Cuántas en Andalucía? ¿Cuántas Peñas Flamencas están en activo? ¿Están verdaderamente comprometidas con el desarrollo, la divulgación del flamenco?

Me gustaría saber muchas cosas, porque me da la sensación de que son "guetos" cerrados a un número de socios que gestionan y hacen flamenco a su manera. Y si no es así, disculpen mi ignorancia lectores, pero yo no veo movimiento alguno de la mayoría de ellas, salvo las que organizan un festival anual, y poco más. La mayoría, no todas.

En esta época de crisis creo que se debería de apoyar más al flamenco desde estos espacios, volver a la raíz, a la esencia del flamenco cercano e íntimo, pero de verdad que desconozco como funcionan este tipo de entidades privadas flamencas. Algunos estamos hartos ya de espacios públicos, ayuntamientos de por medio, y compromisos culturales que no dejan espacio para la libertad de programación, fechas y precios de localidades.


En Sevilla recordando a un genio.


Esta es mi reflexión, una de tantas que he tenido entre tanto autobus, tren y avión. Desearía que las peñas o los socios se planteen moverse, pero de verdad, como si fuesen ha bailar HulaHop y se jugaran la cadera, y se tomaran en serio la realidad de los flamencos. Venga flamencos y aficionados, animaos.

Y hablando de peñas flamencas, aprovecho para nombrar a la Peña Flamenca Los Pajaros de Murcia, que está intentando un nuevo método de financiación para su nuevo local. Mucha suerte con la causa, tenéis mi apoyo. Podéis colaborar con ellos a través de este enlace.
http://www.verkami.com/locale/es/projects/5842-nuevo-local-para-la-pena-flamenca-los-pajaros

Un abrazo a todos, pronto más flamenco y más personalidad. Mientras, espero vuestras respuestas. Gracias siempre.

21 de mayo de 2013

... Al otro lado de la cama.

Si sentir frío ahora significa apreciar las ausencias, siento frío.

Si tener miedo es pensar en el rechazo de un deseo, tengo miedo.

Si ser realista consiste en mostrar negatividad, soy realista.

Si esperar es callar y estar ausente, estoy esperando.

Si imaginar es tener esperanza en que algo ocurra, estoy imaginando.

Si esconderse es no querer mostrar nada de lo que sientes, estoy escondida.

Si llorar es sentir como se te ha partido el alma, estoy llorando.

Si defenderse es lo mismo que escudarse en una verdad, me estoy defendiendo.

Si olvidar es omitir aquello que aunque sea bueno te hace daño, estoy olvidando.

Si arriesgar es arrojar al vacío una parte de mi, me estoy arriesgando.

Si escribirte es una forma lenta de esperarte, te estoy escribiendo.
 


Y si no traspasar tu piel desde dentro hacia fuera te duele, te estoy doliendo.
 Quizá he encontrado mi sitio y tú no quieres que me quede... al otro lado de la cama.


Nos vemos pronto, volveremos a las ciudades a perdernos de nuevo, juntos. Gracias por leerme siempre.

8 de mayo de 2013

Jesús, ¡QUE FLAMENCOS!

Mi ausencia en este mes no es casualidad, quería dejarle a #ElNiñoDelGlobo su espacio para cavilar y la intención de respirar aire fresco en mi rincón bloguero.
Tras visitar Sevilla estos días atrás y enamorarme de pedacitos de la capital andaluza coincidí por casualidad con el cantaor onubense Jesús Corbacho en el Museo de Baile Flamenco, y al día siguiente lo volvía a escuchar en el homenaje a Carmelilla Montoya. Pasados dos días de eso alguien me decía la maestría de Jesús Carmona al baile y la sorpresa que causó en Sevilla hacía pocos meses, y horas después un aficionado al toque me preguntaba que si había escuchado la guitarra de Jesús Núñez... circunstancias flamencas me hicieron pensar durante mi viaje de vuelta que parte del nuevo flamenco tienen este denominador común: Jesús. Y por suerte mía estos tres artistas los he visto en directo al menos una vez, otros incluso cuatro veces. Os dejo una muestra de cada uno de ellos, para disfrutar de este nombre bíblico que significa "salvación". ¿Salvarán el flamenco de los malos usos y las nuevas etiquetas que lo desvirtúan?

Jesús Corbacho:
aficionado desde la cuna, nace en Huelva en 1986, su cante recuerda a Caracol y su dicción a veces te activa toda la atención. Forja su carrera en el cante de atrás, acompañando a numerosos artistas del baile como Rafael Campallo, Merche Esmeralda, Milagros Mengíbar, Marco Flores o Rocío Molina. Lo reconocerás por su sello personal en la voz, lo escuchas una vez y lo recuerdas siempre, no tiene más adornos que melodías, caracoleos y a veces, esa voz que tiembla, quien sabe si es frío, dolor o la pasión con la que canta. Tiene un trabajo discográfico llamado "Debajo del Romero", puedes escuchar un tema aquí.

Jesús Carmona: su historia va en sus botas de trabajo, nació en Barcelona en 1985 y es licenciado en Danza Española y Flamenco por el Instituto del Teatro y la Danza de Barcelona. Ha trabajado con Antonio Canales, Rafael Amargo o El Güito antes de comenzar su andadura en el Ballet Nacional de España del que ha sido bailarín principal. El año pasado ganaba el "Desplante" en el concurso del Cante de las Minas de La Unión y a partir de ahí ha lanzado su carrera como bailaor, dejando el Ballet y montando su propia compañía con la cual ha estrenado su primer trabajo "Cuna Negra & Blanca". Lo reconocerás por sus talones ligeros y sus giros de remolino imparables cuando comienzan a dar vueltas. A medio camino entre bailarín y bailaor. Puedes ver su baile en este vídeo.

Jesús Núñez (Jesuli): este guitarrista nació en el Puerto de Santa María en 1980. Con residencia en Madrid por motivos de trabajo, la versatilidad de sus manos son su gran baza. Ha acompañado con su instrumento a Sara Baras, Marco Flores, Javier Latorre, Manolo Marín, Pitingo, María Toledo, India Martínez, Rancapino, El Barrio o Israel Paz entre otros muchos. Puedes encontrarlo en vivo en algunos locales y tablaos de la capital española mientras prepara estreno para la época estival con Marco Flores en la Bienal de Málaga. Lo reconocerás por su toque añejo y rancio a veces, sin grandes adornos y con pellizco. Ha hecho de la experiencia sabiduría y tiene un semblante fresco y risueño en las tablas. Puedes escucharlo acompañando a Israel Paz aquí.

Evidentemente hay más "Jesús" en el flamenco actual y en diferentes disciplinas, esto es solo una muestra de lo que se puede encontrar con dos denominadores comunes: su nombre y su magia.

Núñez, Corbacho y Carmona. ¡Jesús!

2 de abril de 2013

#ElNiñoDelGlobo

"Había una vez un niño que se encontró un globo, y ese globo tenía dueña, era yo... Pero decidí dejárselo un tiempo para saber si merecía tenerlo... No fue mucho tiempo, tan sólo el que él necesitó. Pasó los primeros días agradeciendo el regalo, disfrutando con él y compartiéndolo conmigo. A menudo peleábamos por él, nos decíamos cosas llenas de rabia y luego volvíamos a buscarnos y decirnos la verdad. El globo era mío o suyo, pero no podía ser de los dos.

Peleé por él, corría siempre para no perderlo, tenía miedo de que el viento se lo llevara a un lugar donde fuese inalcanzable y todo se esfumara; pero el Niño del Globo corría más que yo, era fuerte para avanzar y sus brazos me aventajaban. Me dejaba atrás una y otra vez, hasta que un día yo no tuve fuerzas para seguir detrás del globo, mirándole siempre la espalda al Niño, soportando su silencio y su mirada hacia otro lado sin importarle más que el globo que un día le presté. No me miraba a mí, ya sólo miraba mi préstamo.

En un momento de despiste el Niño del Globo soltó el globo, pero yo ya no lo cogí, algo me impidió hacerlo; me di cuenta de que yo no quería mi globo, estaba medio desinflado y estropeado, yo necesitaba la atención del Niño. Deseaba jugar con él y tener las manos libres y las piernas descansadas de correr; disfrutar y reír. Yo imaginaba cómo el Niño del Globo me pasearía de la mano para no perderme, me explicaría escalas con seis cuerdas, haría magia con ellas, crearía melodías nuestras, enrabiaría con mis bromas y me apretaría contra su pecho para no tener miedo. Pero eso era lo que él tenía y yo ignoraba: miedo. Aunque no fuera a mí ni a lo que yo le ofrecí, un simple globo.

Nunca se lo dije, pero lo miré cuando el globo ascendía hacia las nubes, esquivando hojas de árboles y lluvia ligera, y vi cómo el Niño estaba lleno de dudas y de inseguridad. Ni siquiera me vio allí ese día, pero estuve a su lado mirando al cielo sin mediar palabra; él estaba ciego y yo era invisible. Ese Niño aquel día no le dio importancia a perder mi tesoro prestado, no se percató que estaba allí mirándolo a él y no a mi globo. No pensó que me estaba doliendo más su ausencia que aquel trozo de plástico que bailaba a merced del aire. No pensó nada. Se quedó mirando cómo volaba y se iba haciendo pequeño hasta perderlo de vista. Agaché la cabeza y seguí caminando sola, sin él, sin excusa, sin ilusión, sin ganas, sin fuerzas. No había motivos para quedarse allí.

Desde entonces no lo he vuelto a ver, se fue a vencer su inseguridad y eliminar sus dudas, a buscar su futuro con constancia y talento, a tropezar con alguien que lo cuide sin globos pero como él desea, se marchó por otro camino que tampoco es fácil e hizo la maleta en un instante; -Ojalá seis cuerdas fueran suficientes en esa maleta-. Esta fue mi última plegaria mientras me secaba las lágrimas."


-There is always hope-  Banksy

Gracias mil por leerme, es una manera de hacerme compañía.

A todas las personas que leían la historia a través del hastag #ElNiñoDelGlobo en twitter y me pidieron el final, a las que no lo hicieron, y a las que ignoraban su existencia; y por supuesto a él... por inspirarme, a veces, demasiado.

25 de marzo de 2013

Salvador "EL GATO".

A mi abuelo materno, en el vigésimo aniversario de su partida.

Salvador "El Gato" siempre fue un hombre peculiar, no le gusto llamar la atención pero lo hacia a menudo porque era un ser especial y entrañable. No fue vividor, pero es la profesión que yo siempre le he dado, porque le hubiese gustado serlo. De toda la vida, fue un vividor que vivió la vida, envuelto en tabaco, sardinas y gambas. Como buen gato que se precie.

Era mi abuelo, a pesar de que se fue hace muchos años aun recuerdo miles de cosas y detalles de su ser. Su brazo apoyado en la ventanilla bajada de su coche, sus manos oscuras, su talante en traje de chaqueta y corbata casi a diario. Coqueto y perfumado. Como buen gato que se precie.

Saboreaba la vida como si cualquier día fuese el ultimo, y por eso se fue en paz. Devoró el sabor de la vida a cada minuto, envuelto en bromas y risas ajenas. Rodeado siempre de su gente, buena gente, buenos gatos donde se precien.

Él era el rey de su tejado, del tejado de todos los gatos, que es la estirpe de mi madre. Toda la vida dándose caprichos a él y a los demás. Toda la vida brindando por todos, y primero por el y después por todos sus compañeros, como buen felino.

Recuerdo bromas que ahora entiendo, con quienes le conocían, bien rodeado siempre de cómplices y testigos que hoy lo recuerdan mas que yo, porque al final siempre es lo que te queda, la raspa de la sardina que se comió un buen gato.


Viajes, ciudades bonitas, toros, zapatos de charol, vestidos de puntillas y uñas afiladas… a sus crías nunca les faltó de nada, ni un mimo, ni un capricho, ni un pellizco de pescado fresco. Gatos al fin y al cabo.

Mi abuelo siempre será un gato, recordado en todos los tejados de mi tierra y la que nos rodea. Qué feliz estaría viéndonos sonreír en familia, algo que nos enseñó, era su manera de vivir. Era un vividor, siempre en los tejados esperando la ultima carta de naipes que quemar, el ultimo céntimo que gastar; y el único amanecer que no fue suyo fue cuando se cayó del tejado para bajar a la tierra por siempre jamás.

Pero nunca antes descendió, y por supuesto no se tiró, lo suyo eran las alturas, donde nosotros permanecemos ahora, por él y por todos los gatos.

Como buen gato que se precie, sardinas y amanecer. Hasta que el sol se ponga estaremos maullando. Hasta que nos caigamos del tejado estarás con nosotros, ahora y siempre, Salvador "El Gato", el gato que tuvo más de siete vidas.