Para cantar este palo, es adecuada aunque no siempre necesaria, una voz honda y rancia, algo rota y larga de quejío, para poder cargar con hondura todos sus tercios y además expresar la carga dramática que se expresa en cada cuarteta octosílaba rematada con un quejío amargo al final de cada una, y una llamada al dolor a empezar el cante. A veces lo importante no es la voz, es la capacidad de transmitir una pena, una nostalgia o un dolor en este cante monocorde de tercios arrastrados y lastimados.
Se distingue entre dos tipos de martinete: el natural y el redoblao. La diferencia entre ellos es que en el redoblao se repiten algunos de los tercios, cosa que no se hace en el natural:
Nadie diga que es locura
Lo que estoy aparentando
Que la locura se cura
Y yo vivo agonizando.
(Natural)
Nadie diga que es locura
nadie diga que es locura
esto que estabaíto yo aparentando
que la locura
que la locura se cura
y yo vivo agonizando.
(Redoblao)
Una flamencólica diría que es un cante oscuro, un cante tiznao de negro profundo de hollín de fragua y sudor incesante como si fuesen lágrimas que el cuerpo expulsa, un llanto que no cesa; una flamencólica lo dice y lo mantiene.
Quizá debería haber empezado explicando las tonás, quizá el primero de todos los cantes y base fundamental para muchos cantes.Pero el martinete suena ahora en mi cabeza ensordecedor golpe al yunque, calor de chimenea y olor a fragua. Porque me gusta saber estas cosas, y sobre todo, compartirlas.
Os dejo una recreación de un martinete, en la forma de entender al maestro Enrique Morente, especial pero con raíz, esa forma que él siempre tuvo de recrear aquello que sentía, dentro o fuera del flamenco de arraigo, en este martinete incorpora varias voces a canon, baile con caballo casto y español, acompañamiento de palmas, coros lejanos y como siempre Magia.
Y también, para los puristas, ya que yo ando siempre entre dos aguas y dos corrientes, os dejo al maestro José Menese, sencillez y sabiduría.
Me despido con una de las letras mas flamencas que escuché por martinetes.
Yo ya no soy quien era,
ni quien debía yo de ser,
soy un mueble de tristeza,
arrumbaito en la pared.
Nos vemos pronto.
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Algún día el yunque, cansado de ser yunque, pasará a ser martillo. |
Me gusta mucho el flamenco, pero en realidad nose nada de él. Todo esto que cuentas es nuevo para mí.
ResponderEliminarMuchas gracias!
beso
Carola
De pequeño muchas veces vi en mi pueblo hacer herraduras en la fragua. Lástima (o no, quizás no) que lo único que escuchase yo sobre el yunque fuesen los golpes sincronizados del macho y el martillo. Una belleza, aunque no hubiese cante.
ResponderEliminarRespecto a Morente, quien lo haya seguido un poco en su carrera, no cabe otra calificación que la de genio en el mundo del flamenco. Pero el caballo me sobra en ese magnífico martinete con ese sonido de ejecución constante bucal.
Menese está más joven que cuando lo vi, el año pasado. Menese siempre me toca. Lo acompaña un guitarrista de lujo como es Antonio Carrión.
Y respecto a esa letra que has escuchado tantas veces, arrumbaíto es una palabra que siempre me asalta la memoria. Por esto:
http://tempero-koroneiki.blogspot.com/2009/01/la-abrupta-sensacion-de-ser-empujado.html