Entonces voy a él, que sabe aún sorprenderme y se desnuda despojándose de su traje de piedra y me cuenta la verdad. Sí, es recíproco. Nos echamos. Yo siempre lo he sabido pero nunca he podido demostrarlo. Él odia la mentira, pero a veces me omite la verdad. He tenido un golpe de suerte merecida. Ahora es cuando él lee esto y se arrepiente eternamente de habérmelo dicho, más lo siento yo.
Tengo unas ganas horribles de ir corriendo hacia él y engancharme en su cuello, sentirme segura, comprendida y tranquila; y ver una mirada limpia de cariño como siempre la tuvo, la tuvimos. Su gesto y su detalle me hablarían de todos estos años, me dirían donde estoy yo, que queda de mi después de tanto tiempo y tanta distancia de por medio. Tengo frío y miedo, sin embargo siento que por dentro las dudas me están haciendo arder. Merece la pena saberlo, merece la pena volverlo a sentir, merece la pena romperme como una niña delante de él. No lo sé. Disimulemos. Salir, beber y el rollo de siempre. A lo Iniesta.
Asumamos que nuestra relación ha sido siempre atemporal, y sigue siéndolo, mientras estábamos juntos y después también. No entiende de momentos, de circunstancias, de personas, ni de nada más que no sea el uno y el otro, juntos o separados, con vidas independientes, estables y tranquilas. Que más da, si al final todo me sale siempre bien (del revés) y estamos unidos por algo que no se puede tocar pero que es real. Tenemos una forma de mirarnos y de sentir que con el tiempo no se olvida, ni se transforma, ni se marchita, ni se mata; el tiempo a nosotros no nos afecta, ni nos cambia, ni decide por nosotros. A veces nos gusta, otras nos odiamos por ello. Y disimulamos muy bien.
Aquí estoy, de incógnito, esperándolo en la esquina con las manos vacías metidas en los bolsillos, con la mirada alta, sin escudo en el corazón y con un atuendo de naturalidad prestado. Sin rencor, con ganas de mirarle a los ojos y saber la verdad. Quiero que me recuerde quien soy yo mientras me mira y hasta las palabras se me olvidan, eso es. Puede que encuentre un hilo de vida a su lado o que no encuentre nada más que restos. Me cruzaré contigo pronto y no se como haremos para llegar, al mismo tiempo tu que yo...
No hay canción para esto, ya las he cantado todas.