Miguel no quiere etiquetas, por eso se mueve como un pez en un océano musical tan amplio, y todo lo rentabiliza, esto se llama: visión empresarial. Inteligencia, vaya. Ha pasado de cantaor a cantante, de aficionado al flamenco a empresario con su propio sello discográfico, a trabajar con los jóvenes, a cantar con los mayores, de aprendiz a maestro. Ha dado más de una vuelta al mundo en todos estos años y ha sabido qué aprender de ello.

Yo no sé qué pensará él sobre el cante flamenco, si está todo hecho como dijo D. Antonio Mairena y corrobora Marina Heredia (por ejemplo) o piensa que aún se pueden exprimir algunos palos con nuevos estilos y sellos personales. Una parte de la afición lo ve capaz de hacerlo: creación. Hermosa y dura palabra. Por supuesto, otra parte lo considera una aberración, que yo le llamo miedo. Miedo de que un cantaor catalán cree un estilo y se acuñe fuera de la geografía flamenca. ¿Puede ser?
Muy de Poveda es su extensión mediática. Sin medida. Y no solo eso. Ha enseñado a sus compañeros de profesión a serlo: Argentina, María Toledo, Arcángel... se mueven por las redes sociales con sus promociones de discos, conciertos, noticias, tienen seguidores, clubs de fans y todo un baluarte montado que nunca antes se había visto en el flamenco. Marketing jondo. Siguen siendo cercanos pero a la afición esto no gusta. Es un doble filo. El aroma se pierde con tanto camino.
La parte humana de Miguel Poveda: el compromiso. Organiza festivales benéficos para ayudar a los que lo necesitan y sus amigos de la música colaboran. Todos recordarán la que lió por Lorca en La Unión, qué voy a decir yo, agradecida eternamente. La calidad humana en el flamenco nunca sobra y ahí habita una parte de la grandeza de este profesional.
Más Poveda: los estilos musicales. Del flamenco puro de sus recitales, de los palos peleones, del sabor de lo tradicional apenas queda algo. Ha llovido desde "Tierra de Calma", para mi su mejor trabajo, lanzó "Coplas del querer" y ya nada volvió a ser igual. "ArteSano" es otra historia enfocada a algo más que un simple disco. Va viciando la voz, la coloca de forma diferente, recurre a los falsetes y despliega recursos que quedan bien pero no son tan admirables; desvirtúa las formas flamencas. Igual te canta por soleá, que un fado, que copla, que canción catalana, que boleros... ¿En qué quedamos? Si quisiera ganarse el respeto de los más exigentes cantaría flamenco con más conciencia, pero no es uno de sus objetivos, lo mueve la pasión y se le aplaude.
Por eso decía al principio que huye de las etiquetas, no quiere encasillarse y aprovecha para ampliar el número de seguidores porque intenta llegar a personas con diferentes perfiles y gustos musicales. Esto se llama: ampliación del mercado y rentabilidad económica. Es filón y negocio de solo unos pocos que como él pueden permitirse, se auto-exprime. Es cantante, o al menos yo lo considero así, pero con una afición flamenca detrás de las más grandes del país. No me gusta que descuide la ejecución de los cantes flamencos, que es lo mío y el suyo no me duele, ojalá regrese a lo que cuesta verdadero trabajo sacar de las entrañas. ¿Es mucho pedir?
En cualquier caso, sea como sea Miguel Poveda, lo que viene demostrando conforme pasa el tiempo es su profesionalidad. Admirable por donde se mire, su trayectoria y su evolución nos ha dado a los flamencos grandes momentos inolvidables. Mi respeto y cariño lo tiene. La esencia de esta figura del flamenco sobrepasa los límites de lo estrictamente establecido por dicho arte y se está viendo capaz de cambiar todo un mundo que aunque se lo impidan, si hace las cosas con tesón, honestidad y sencillez; lo conseguirá. Más flamenco o menos, su vida es música; y su éxito, innato. Hoy no hablamos de arte, hablamos de realidad y el ejemplo perfecto se llama Miguel Poveda.
Nos vemos, si puede ser, de trasnoche.