1 de febrero de 2017

Del encaste y el desgaste

A Fran Viúdez, por las charlas de arte sin fín.

No es algo que escondo, por lo que me resulta extraño que en mi blog no exista ni una entrada dedicada a la cultura taurina. En estos tiempos está muy de moda ser "animalista", defender el maltrato animal, y nos llenan las pantallas con noticias sensacionalistas sobre el tema. A mi este tipo de método facilón me hace mucha gracia por algo que voy a intentar explicar.

En el mundo taurino, para mi existen dos tipos de aficionados: los aficionados a los toreros de forma incondicional y los aficionados al toro, al campo y a un ámbito más amplio que nos lleva al principio de los tiempos... las castas y los encastes. No creo que alguien que no entienda un mínimo de esto lea la publicación, así que solo diré que las castas son las cualidades genéticas de los toros que fueron 5 inicialmente y datan desde 1388 a 1780, y de estas castas derivaron los encastes que son las mejoras de las casta y que se consiguen a través de cruces de unos con otros dominando como principales dos cualidades el trapío y la bravura. Actualmente no hay ningún ganado o ganadería con la pureza de las castas primitivas, y es la casta de Vistahermosa de la que procede casi todo el toro de lidia. Si cogemos la línea de Vistahermosa vemos que su principal encaste es Parladé, apadrinando a dos de los principales encastes de hoy en día: Núñez y Domecq, las principales ganaderías que hoy reclaman en el mundo taurino proceden sobre todo de Domecq. Es decir, está casi monopolizado, dejando un número muy reducido al resto.



Esta es una de las principales quejas de los aficionados y de los mayores problemas que tiene este gremio, el desgaste del encaste Domecq. La selección morfológica que ha desarrollado ha limado defectos y peligros naturales del toro. Es decir, Domecq ha creado un toro de diseño a base de cruces genéticos que le ha proporcionado a un animal parejo y armónico, regular en comportamiento que facilita la lidia a los matadores de toros sin crearle demasiado peligro y así, la parte artística toma más espacio. Esto deja de lado lo que siempre se ha entendido por tauromaquia; mandar, templar y dominar antes de lucir y crear arte. Aquí es cuando el toro pasa de ser enemigo a ser un colaborador del torero y sus tardes de triunfo.

Faltos de empuje, los dosifican en las diferentes suertes de la lidia para que no lleguen agotados, en muleta y espada si que demuestran la suavidad, la docilidad y la facilidad de la humillación. Es decir, estamos ante un toro comercial, que vende porque se demanda pero que le falta fuerza y profundidad en la mayoría de los casos.
Claro está que no es uno de mis encastes o ganaderías favoritas, ya que se ve claramente la evolución de sus toros hacia lo fácil, hacia la empresa.

Existe alguna línea que no me disgusta tanto como otras dentro de este encaste como pueden ser Fuente Ymbro o Jandilla, hay otro tipo de toros con mucha mas belleza y personalidad como pueden ser los agraciados toros de Partido de Resina (antiguo Pablo Romero), Alcurrucén, Valdefresno, Victorino Martín o los toros de rejoneo de Fermín Bohórquez. Todos en desventaja ante las ganaderías de Domecq que dominan más de la mitad de festejos.

Después de hacer un breve resumen de porque me gusta tan poco este negocio monopolizado pienso en aquellas personas que centran el resumen de la tauromaquia en la muerte y el maltrato hacia un animal tan bello como el toro. Yo los respeto, a todos, así que pido lo mismo hacia mí.
Hay animalistas que son taurinos y los hay antitaurinos. Voy a recordar a un amigo que el otro día me dijo "yo soy anti-antitaurino porque para mi en una corrida de toros lo principal no es matar a un animal, hay muchas cosas más". Claro que hay algo más, antes está lo principal que es el amor al animal y una naturaleza innata.

Creo que muchos antitaurinos deberían de adentrarse un poco más en esta cultura, no para que cambien de opinión sino para que sepan de lo que hablan. Se habla de que criar a un toro para la lidia cuesta miles de euros, no son toros que podrían llegar a un matadero para el consumo humano, son animales que desaparecerían; y por consiguiente se extinguirían castas y encastes, trabajos de cientos de años realizados exclusivamente para crear un animal apto, nacido para brillar, de bravura y belleza intacta que es la otra parte de un binomio sublime de arte  y pasión que se llama tauromaquia.

No me entendáis, no compartáis; tan solo estoy desgastada de lo mismo de siempre, del bucle.
De la moda, del negocio, del interés, de los pocos argumentos, de las inexistentes soluciones. Es como la historia del encaste Domecq, un animal diseñado para triunfar arriesgándose a perder la esencia. Los antitaurinos han diseñado su excusa centrándose en los últimos segundos sin saber qué hay antes de eso, o qué habrá, o qué hubo. Es un bucle interminable porque nadie se ha parado a valorar la cultura, la pasión, la sensibilidad. Nada. Solo una espada, solo sangre. Todo lo demás es vacío.
Respetar a quien le gusta este mundo y no contempla lo que vuestros ojos ven.

Como los toros bellos, tengamos personalidad y profundidad.


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